Las discapacidades intelectuales pueden ser leves, moderadas o graves. La personalidad de alguien, la forma en que maneja los eventos y otros problemas de cuidados médicos, pueden afectar la cantidad de apoyo que una persona necesita para realizar actividades de vida diaria. Se cree que la discapacidad intelectual afecta entre el 1 y el 3% de la población, la cual la mayoría tiene una discapacidad intelectual leve.
Los síndromes más comunes asociados con las discapacidades intelectuales son el autismo, el síndrome de Down, el síndrome X frágil y el trastorno del espectro alcohólico fetal (TEAF).
Su hijo puede que tenga una discapacidad intelectual si usted observa cualquiera de las siguiente:
- No tener o estar lento en el desarrollo de las habilidades motoras (movimiento físico), de lenguaje y de valerse por sí mismo (como vestirse), especialmente si se compara con sus iguales de su edad.
- La falta de crecimiento intelectual o de continuar con un comportamiento infantil.
- No tener curiosidad.
- Problemas para mantenerse al día en la escuela.
- Falta de adaptación (ajustarse a nuevas situaciones).
- Dificultad para entender y seguir las reglas sociales.
Un especialista observará a su hijo y lo comparará con otros niños de la misma edad. Ellos pueden observar si el niño tiene dificultades en vestirse o comer por sí mismo; si el niño es capaz de comunicarse y entender a otros; y cómo el niño interactúa con otras personas.